jueves, 28 de abril de 2011

El campanario



La luz del sol se refleja en multitud de colores, dando esa sensación de alegría y libertad, la frescura del día invita a pasear. Los sonidos de la mañana se dejan escuchar poco a poco, como si despertaran de un largo sueño, y la brisa suave hace mover las hojas de los árboles, produciendo ese sonido suave y encantador que pareciera hipnotizarlo. Se mueve lentamente, como queriendo no hacer sonido alguno, para captarlo todo y no ser él captado. Los pasos que se acercan rápidamente llaman por un momento su atención, para luego ver la figura de un niño que pasa de él, dejando una ráfaga de viento cálido a su paso.

Toda su atención se concentra en ella, la observa detenidamente, la ve como meticulosamente se alimenta, en forma decidida y segura, se mueve con precisión, mientras se acerca buscando su alimento, es hermosa, sus colores parecieran más profundos a la luz del sol, dejando escapar un pequeño sonido constantemente. Luego la ve alzar su vuelo y alejarse buscando otra flor.

La calle parece vaciá, tal como a él le gusta, llega hasta una butaca en el parque y come lentamente su pan, tiene suerte de tener pan para el día, observa la iglesia, el campanario. Ese campanario ha estado ahí por siglos, o así lo piensa él, pareciera que siempre hubiera estado ahí. Tiene hermosos recuerdos en esa iglesia, prácticamente toda su vida ha girado en derredor de esa iglesia. Los ladridos de un perro que corre detrás de un grupo de palomas se escuchan por toda la plaza, el sitio se llena de polvo, mientras las palomas alzan el vuelo en forma desordenada.

A lo lejos ve la figura de la anciana que como siempre a esta hora viene a sentarse a la misma butaca durante muchos años. Viene murmurando sus oraciones, como siempre. Ella lo mira y sonríe por un momento, pareciera apresurar el paso. Se detiene por momentos, para tomar aire, y prosigue su camino lentamente, hasta quedar a solo unos pasos.
-Hola amigo, que bueno verte.
Yo solo la miro atentamente. Ha sido mi amiga por años, y ya no me atemoriza como antes.
-Te traigo comida, toma come y dale gracias a Dios por ella, dice la anciana casi sin abrir la boca.
Recibo la comida, y no dejo de dar gracias a Dios, a ese Dios que me ha creado, que me da el alimento a diario. Miro una vez más a la anciana y alzo el vuelo rápidamente, volando con presteza a mi sitio preferido, el campanario.

Henry Padilla Londoño

lunes, 25 de abril de 2011

La semilla de la vida


La semilla de la Vida.

Dejo plasmado en el papel mis palabras,
dejo presas en palabras verdades y emociones,
como un legado oculto, anhelante y expectante.
¿Quién lo encontrara?

Como silenciosos testigos inmóviles,
esperan quien las lea, quien las crea,
y toman alas en los sueños del lector,
formas curiosas que se revuelven en el alma.

Cada cual le da diferentes colores,
cada uno las entiende de diferente forma,
y adornan el alma de su poseedor,
con frutos, algunos iguales, otros de otro color.

El pensamiento toma forma algunas veces caprichosa,
se enreda y se esconde en frases, palabras,
se apoya en comas, en puntos y espera.

De repente salta a la mente del lector,
y empieza lentamente a producir color, formas,
y se desenvuelve en la conciencia, dejándose formar, formando.
Y se acerca al alma, lentamente, sin apresurarse.

No salta barreras, no abre puertas a la fuerza,
coquetea con ellas, les giña el ojo,
y graciosamente se acerca a ellos, captando toda su atención.
Y sin que ellos lo noten, pasa de largo, coqueta, sutil.

Van por el camino graciosamente, dejando ver todo su encanto,
sus vestidos de interpretación, se extienden por todo el camino,
y arrastran tras de sí las miradas de todo pensamiento,
Como encantadoras semillas cargadas de poder.

Como cargadas de una poderosa energía,
que llevan vida, son dejadas en el camino,
sembradas con una canción, que todo el pensamiento a una silba,
como hechizado por su poder, bailando al canto de ellas.

Y se acercan al alma, suavemente, con una sonrisa.
La mayoría las reciben gozosos, encantados con su belleza.
¿Pero cuál será su fruto? ¿Cómo saberlo?
¿Acaso importa? Son hermosas, dice un ciego.

La palabra es una semilla de vida o muerte,
que se extiende como árbol frutal,
primero semilla, planta, árbol y fruto,
hasta que desciende en un campo fértil.

Pero mis palabras no llevarían vida sino muerte si fueran mías.
La Palabra de Dios tiene poder para darte Vida.
Los pensamientos de Dios son llevados en Su Palabra,
y son Espíritu y Vida a quien las cree.

¿Quién ha visto a Dios, quien conoce sus pensamientos?
Han sido dejados plasmados en Su Palabra,
si los dejas entrar en tu alma, producirán Vida,
de sí mismos, la Vida de Dios.

Su Palabra permanece y lleva fruto.
¿Quieres saber dónde está el árbol de la Vida?
La Palabra de Dios es el árbol de la Vida.
"La Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros"

Pero no solo las palabras que escuchas llevan fruto,
toda palabra que sale de tu interior, llevara fruto.
¿Qué fruto quieres recoger de tus palabras?

La palabra cuando sale del corazón,
es la imagen de tu interior, está cargada de ti,
lleva tu esenciá, tu vida o tu muerte.

Toda palabra que salga de ti,
lleva fruto, para vida o para muerte.

La palabra es el lenguaje eterno,
que se teje en la enramada de la vida,
y te aprisiona o te hace libre.

Toda palabra sin Cristo, lleva fruto de muerte.
Toda palabra en Cristo, lleva fruto de vida.

Henry Padilla Londoño

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sábado, 9 de abril de 2011

La Misión de los Libres

ULaMisionDeLosLibres
La Misión de los Libres

Mi pensamiento toma impulso, mira decidido el horizonte,
Se prepara como atleta antes de la carrera,
Y sale disparado como un proyectil,
Buscando llegar a ese hermoso horizonte,
Aprietá sus dientes y…
Se estrella poderosamente, como contra una roca,
Cae casi sin sentido, sin poder entender lo que ha pasado...


La Misión de los libres

martes, 5 de abril de 2011

Una vida con propósito

UnaVidaConProposito

Fue solo un instante, un destello, un momento casi inapreciable,
Viaje en tu pensamiento, vive en ti.
Fue excitante ver esa multitud de colores, de formas, de sombras, de luces.
Mientras mi existencia corría rápidamente a su fin.
Cuando empecé no tenía fuerza, casi no podía tenerme por mi mismo,
Pero poco a poco me fui fortaleciendo, extendiéndome.
Mi adolescencia la pase entre miles de amigos, cada uno tenía su propio ser,
Y yo era diferente a todos, todos eran diferentes.
Sentíamos que íbamos a hacer una diferencia,
Que algo especial tenía el futuro para nosotros.
Nos fortalecíamos el uno al otro, jugábamos, crecíamos, nos descubríamos.
Que hermosa época, hermosos recuerdos, solo momentos.
Y poco a poco cada uno fue tomando su propio rumbo,
Había un destino, un plan para cada uno, pero no todos lo logramos.
Entonces aprendí del fracaso, de la pereza, del desánimo,
Pero también del valor, de la diligencia, del intentar una y otra vez.
Y unos se fueron quedando, sumidos en el letargo,
En caminos infructuosos, y su fuerza se apagó,
Entonces conocí la muerte, la vi llevarse a muchos de mis amigos.
Se desvanecían en la nada, como una llama que se apaga.

Y la vi de lejos, me pareció que resplandecía.
Creí que me miraba, solo a mí.
Pero pronto me di cuenta que muchos pensábamos igual.
Intente llegar a ella, llamar su atención,
Mi corazón se inflamo de amor, la amaba, pero... ¿cómo podría decirle?
No sabía ni su nombre, la veía constantemente, y ya había llegado mi hora.
Sabía que si iba a cumplir mi plan, el plan que mi creador había destinado para mí,
Tenía que hacerlo ahora, o terminaría por morir, como tantos otros.
Tendría que marcharme, ¿adonde? No lo sé, pero ya no podía esperar.
¿Y ella?, mi hermosa princesa, nunca sabría de mí,
Yo me iba y nunca volvería, tome fuerzas en mi interior,

Hola, soy feliz solo con verte, pero si me dieras una sonrisa alegrarías mi vida,
Si me dijeras tu nombre, lo esculpiría en mi corazón,
Y si me llegaras a amar, mi corazón pondría en tus manos, te entregaría mi vida.

Entonces me sonrió, y su hermosa luz me inundo.
Y dijo:

Me llamo Fe.

Que hermoso nombre tienes, hermosa princesa de mi corazón.
Yo ya estoy rendido, rendido a tu amor.
Sé que mi destino tenía que tomar, llegar a cumplir el plan.
Pero seguiré a mi corazón, me entregaré al amor.
Todo lo dejare por ti, si he de cumplir un plan será a tu lado.
Recuerdo que tomo mi cara entre sus manos.
Me miro con eterna dulzura y amor.
Y me dio un beso, fue lo último que sentí.
Entonces escuche una voz clara y nítida:
"La fe que obra por el amor"
Viví una larga vida, en el alma de mi señor,
Creo que fueron 2 segundos,
Pero mis frutos serán recogidos por muchos años.
Solo hay una forma de vivir, solo una forma de morir.
Vivir para amar y morir para vivir.

Henry Padilla Londoño

martes, 22 de marzo de 2011

LLamado a media noche

llamadomedianoche

Te vi en la soledad de la calle, cuando la noche reclama sus horas,
Y lo escondido del hombre sale a las sombras,
Me miraste con desprecio, pero actuaste para acercarte,
Te vi en tu dolor de niña, y me dolió el corazón.

¿Cómo te hemos traído a este sitio?
¿Cómo te empujamos, y embotamos tus sentidos para que no percibieras?
Porque todos te hemos traído aquí.
De alguna forma todos hemos colaborado, y en ti se ha plasmado el pecado.

Pecado de no amar, de pasar de largo, pecado de indiferenciá,
Pecado de mucho trabajo, de conciencias cauterizadas,
Pecado de no hablar la verdad de Cristo, de callar.
Pecado, de verte sufrir y mejor dejar. Pecados que llevan a muerte.

No es el pecado lo que me interesa hacer notar,
Sino la cruz, la que remedia el pecado, no la cruz en sí, sino Cristo que murió,
Cristo es el remedio del pecado.
¿Pero para que un remedio, si quieres seguir pecando?

¿Has pensado en libertad? No… no te apresures en responder,
Porque solo aquel que conoce la Verdad, puede pensar en libertad.
Donde el pecado no toca, y tus límites de hombre quedan atrás,
Donde el amor te inunda, no el tuyo, sino el de Dios.

Libertad, ¿para qué la libertad?
Libertad, donde la muerte no te toca,
Donde lo único que quieres es dar a conocer la verdad.
La libertad es ser amigo de Dios, entonces eres libre.

El tiempo es pronto ya, está por terminar,
Y lo que una vez fue anunciado por todos los profetas, ha pasado, y está por pasar.
Y el día en el que el Señor viene y recoge a los suyos, esta pronto.
Y el día de la venganza del Dios nuestro, está a las puertas.

Como amigos os hablo, el día de trabajar está por terminar,
Pero aún faltan unos, que también deben entrar.
¿Quién ira por ellos? ¿Quién les dirá la Verdad?
¿Quién es aquel que quiere en esta última hora ir a mis campos y trabajar?

El Sueño ha entrado, ha dominado a muchos,
Y en discusiones de teologías y en cuentos, se adormecen, parpadean, soñolientos.
Buscad al Señor mientras puede ser hallado,
¿Y por qué te enredas en tu mente carnal, y deshechas la fe, la misericordia y la verdad?

A mi hijo escuchad, a Cristo, dice el Señor,
En el encontraran la Salvación.
Hablen desde las terrazas, prediquen a voz en cuello,
El que quiera venga y beba del agua de la vida.

Si escuchas hoy su voz, no dejes endurecer tu corazón,
Obra de acuerdo a tu fe, y recibirás galardón.

Amen.

Henry Padilla Londoño

Solo quería decirte gracias.

SoloGracias

Gracias amado amigo, por tu consuelo, por tu cuidado,
Eres precioso y bueno en todo, Santo Espíritu,
Cuando tu llegaste solo había oscuridad, muerte, frialdad,
Pero tu trajiste la luz, la vida, tu calor.

Pienso en ti amado amigo, como nos has ayudado,
Ayudaste hace dos mil años a Pedro a Juan, mis hermanos,
Los sacaste de la oscuridad, cuando el Señor se había ido,
Tú viniste a consolar, y llenaste nuestros corazones de consuelo y paz.

Gracias querido amigo, que habría sido de mí sin ti,
Seguiría en mi ignorancia, en mi vanagloria, en mi maldad.
Cuanta paciencia haz tenido conmigo, cuanta sabiduría.
Cuando nadie pensaba nada bueno de mí, tú creíste en mí.

¡Cuánto amor!, realmente más que mi madre y mi padre me has amado,
¡Cuánto cuidado!, con él que te desprecio, y te fallo,
Pero tú me llevaste a Cristo, me mostraste la salvación.
Amigo… amado amigo, hasta aquí me has traído, gracias.

Si no te conociera desfallecería, que sería de mí,
Mi seguridad eres tú, sé que me llevaras de continuó a la cruz,
Me levantaras en la resurrección y con amor sacaras lo mío,
Dejando solo lo precioso del Señor, solo lo tuyo, Señor.

Y un día, cuando el aliento me falte, me tomaras de la mano,
Y juntos andaremos el valle de sombra y muerte,
Y me llevaras a su presencia, delante de nuestro Señor.
Y para siempre estarás conmigo, amado amigo, buen amigo.

Amigo… solo quería decirte gracias.

Henry Padilla Londoño

martes, 15 de marzo de 2011

Recuerdos

recuerdos

Descarga en formato PDF Recuerdos

Un día como cualquiera, el rey de Gloria vendrá entre las nubes, y llamara con voz fuerte y recogerá a los suyos. Acuérdate de mi Señor, y llévame contigo. Esta historia, pasa después que el ha venido. Esta historia ha sido escrita, pensando en todos los que esperan su venida, y también en ti, que no sabes si vendrá. Descubre un atisbo de lo que viene.

sábado, 5 de marzo de 2011

El Viaje de la Luz

elviajedelaluz

El sonido del mar y la brisa en mi rostro me hacen soñar,
Cierro mis ojos mientras mi pensamiento se va, vuela, entre la brisa,
Entre el cielo y el mar, y me muevo sigiloso entre las nubes lejanas,
Esperando que aparezca, en silencio, expectante.

De repente veo su reflejo golpeado el aire frío,
Y en un instante todo se llena de su presencia, la luz todo lo llena,
Y me subo en un rayo de luz y cabalgo por el espacio,
Dejando mi rastro de colores, casi blanco.

Salí de la tierra, solo alcance a verla por unos momentos,
Mientras rápidamente avanzábamos por el espacio frío y oscuro.
Era hermosa, la casa que Dios me dio, y volví mi rostro alcanzando a ver a Marte,
Más pequeña, como triste y seca, como si muriera de a poco.

Y entramos en un túnel de luz, todo parecía ir más rápido,
Como si nosotros fuéramos los lentos, todo blanco y sin forma,
Quise saber adónde me llevaba el rayo, que cruzaba el universo,
Lo que veía era hermoso, pero no había nadie, solo luz y oscuridad.

Y entonces como si el rayo supiera, salimos a un sitio muy oscuro, sin una luz a la vista,
Y lentamente se dio vuelta, girando por completo, al fondo se veía un pequeño punto de luz,
Y empezó a avanzar velozmente, en pos del punto de luz, que cada vez era más grande.
Mis ojos no podían dejar de ver esa luz, que poco a poco tomaba formas y colores.

Y ante mis ojos una ciudad fue tomando forma, hermosa como ninguna,
Radiante, toda ella de luz, de diferentes colores, y mientras nos acercábamos,
Empecé a ver sombras de personas que se movían, parecían volar entre la ciudad.
Y dos seres radiantes salieron a nuestro encuentro, y el rayo de luz se detuvo.

No puedes entrar, me dijeron, pero la puedes mirar, desde afuera, por ahora.
Yo sabía que era la ciudad de Dios, la ciudad del Señor, que él ha prometido,
Era hermosa en verdad, en forma de cuadro, con 12 puertas.
Mis ojos se llenaron de lágrimas al ver la hermosa ciudad de Dios.

Todo el que lave sus ropas en la sangre del cordero y guarde su testimonio,
Un día podrá entrar en la ciudad y habitar en ella.
Ve y recuérdales a todos, que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía,
Y que ellos están olvidando lo más importante, por seguir lo que ven sus ojos.

Y entonces y contra mi voluntad, el rayo se dio vuelta rápidamente y nos empezamos a devolver,
Yo pensaba en lo que había visto, quería grabar esa imagen en mi corazón,
Para no estar siguiendo los afanes de esta vida, y olvidar lo más importante.
Empecé a orar con todas mis fuerzas, que no fuera yo a olvidar la gracia de mi Señor.

Oraba, que el Señor me llevara a trabajar por lo que permanece para siempre,
Y no por lo que de un día a otro desaparece. Y mientras oraba,
El viento, la brisa me golpeaba el rostro, y cuando abrí mis ojos,
La luz del sol me cegó por un momento, y alce mis manos en alabanza.

Te alabo oh Dios, porque eres bueno, porque has enviado a Cristo a morir por nosotros,
Te alabo Dios del cielo y la tierra, por sacar la oscuridad de mi corazón, y traer la vida,
Por poner tu naturaleza en mí, y darme a beber del agua de la vida.
Gracias Padre, por haberme hecho tu hijo, y un día, me recogerás a ti,
Y me llevaras a la santa ciudad, y allí habitaré contigo para siempre.

Henry Padilla Londoño
Libros del Reino de Dios

jueves, 24 de febrero de 2011

Acerca de las revueltas



Todo se derrumba, la sociedad está en decadencia, los pueblos se levantan en revueltas buscando su libertad, para luego caer en manos de otro dictador. El circulo de maldad, pero el movimiento compensa su soledad, por momentos se sienten libres, la sensación de emancipación, de alcanzar algo, anhelado, pero lejano, se hace realidad, y esto es la única compensación a su esfuerzo.

¿Qué quiere decir, que nada tiene sentido? ¿Que los muertos en las calles, que los mártires han dado en vano sus vidas, que todo volverá a ser como era? ¿No es acaso su silla de pensador, cómoda, e incapaz de brindarle un reflejo de la realidad?

¿Qué es la libertad? ¿Dónde la puedo hallar? ¿Está acaso en las calles liberadas a precio de sangre, o en las plazas tomadas por la muchedumbre? ¿Qué vendrá después de esto? ¿Serán liberados los pensamientos, y de repente apreciaran la verdad? O, quizás, están los presos, presos en sus pensamientos, llevados a pensar, por uno o por otro, en lo que deben pensar, preparando el nuevo lazo, lazo en el alma, que cada vez lleva más abajo.

Él dijo: “Y conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres”. Cerca está la respuesta a tan buscada pregunta, la libertad está a la mano, a la distancia de un vocablo, uno que se exprese del corazón. La libertad no se encuentra en las calles, pero corre por ellas, si tú, que crees, vas por ellas. La libertad no tiene país, y no tienes que pagar por ella. Es algo irónico, que algo tan preciado, sea gratis, y esté al alcance de tu mano. Pero es esto lo que la hace despreciable para algunos, invisible para otros. El precio por mi libertad, lo pago él en el calvario, ya no hay cadena que me ate, no hay condena que me detenga.

Pero si de alguien te quieres liberar, y quieres hacer revuelta, liberate del pecado, liberate del yugo que el malo puso en tu alma. De eso si liberate, hasta el último esfuerzo, hasta la última gota de sangre. No por pagarla, porque ya es tuya, tu libertad, pero por liberarte y conocerlo, por dejar de ver tinieblas y ver la Verdad.
¿Qué es la verdad? Pregunto una vez Pilato, teniéndola frente a él, no la reconoció. Porque no la puedes ver, antes de ser limpio. Primero tienes que venir a Jesús, para ser limpio, y entonces veras la Verdad, la Luz verdadera de los hombres.
Y que si todas estas revueltas, y aparentes sueños de libertad, no son otra cosa que la preparación para el día del Señor. Que si esto no es más que una trompeta, clara y audible, que nadie puede dejar de escuchar, un sonido que llega a todos que anuncia: “Vengo en breve”, pero antes vendrá ese, el esclavizador, vendrá y llevara presos a muchos. No es irónico, que buscando la libertad, de repente sean presos, por algo peor.

Pero a quien llega este anuncio, quizás fue hecho para ti, que lees, y el Señor permitió que a tus manos llegara, y lo leyeras, para que a Él clamaras, y fueras libre, mientras aún hay tiempo.
Henry Padilla Londoño

lunes, 21 de febrero de 2011

Hermosa princesa del Norte



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La vi de lejos, serena, majestuosa, enigmática.
La niebla de la mañana te cubre y el frio se aferra, como queriendo apoderarse de ti,
Desde la ventana del tren te vi, callada, parecías sola, silenciosa,
Estocolmo, despiertas de a poco, mientras Sven se pierde en medio de ti.

La radio anuncia lo que corre por tus venas,
Y un par de ojos azules te miran, esperanzados, anhelantes.
Te has pintado de blanco, como doncella alegre y pretenciosa,
Que coquetea con el que la ve, hace guiños, sonríes y te vas.

He visto otras, pero ninguna como tú, aun en tus momentos oscuros eres bella.
Aunque solo he andado en tus calles, nunca he estado solo,
Te alegraste cuando proclame el evangelio en medio de ti,
Cuando ande tus barrios, casa a casa, buscándolos a ellos.

Yo soy extranjero en medio de ti, y te veo con ojos de afuera,
Pero me has encantado con tu belleza, tu gente, tu porte.
Generosa y amable, Estocolmo, lugar de mis sueños,
De mis hijos, de mis años. Donde Dios me dio vida.

En ti conocí la vida, encontré a Jesús en tus calles,
En tus hermosos lagos estuve con él, ahí le hable, ahí me hablo.
Tus bosques son testigos de nuestro hablar, secretos que hablan tus pinos.
Cantos que grite a tus oídos, cuando estabas serena, dejándome sentir tu roció.

Hermosa princesa del norte, tu que enviaste tus misioneros,
Que hicieron caminos en Brasil, en chile, y quizás también en mi amada Colombia.
El Señor te bendiga y te llene de Su luz,
Y seas de bendición a todos los que en ti habitan.

Te bendiga el Señor con días hermosos, llenos de paz,
Tus hijos lleven verdades a todos, y sean llamados bendecidos de entre todos.
Gracias, hermosa princesa del Norte, por haberme albergado.
El Señor te señalo como mi tierra, la tierra hermosa que él me dio.

Henry Padilla Londoño

lunes, 14 de febrero de 2011

Dedicado a ti, mi hijo amado

Mi sangre era vertida sobre el madero, mi aliento me faltaba,
Mi pecho se inflamaba de dolor, me dolía al respirar,
Sentía mi corazón explotar,
La sangre que corría por mi rostro, se pegaba a mi piel, a mis ojos,
Veía las sombras allá abajo, que me miraban,
Como esperando que yo bajara.

Y bien que podría hacerlo, pero si lo hiciera te perdería para siempre,
Quería gritar, pero solo gemidos salían de mí,
Mi lengua se pegaba a mi paladar,
Sabía que solo quedaban unos momentos, unos minutos más,
Y te habré rescatado, para siempre te habré llevado conmigo.

Ya nadie podrá arrebatarte de mi mano,
te llevare juntico aquí, en mi corazón,
Por ti, por ti todo lo sufro, todo lo soporto,
Y hasta la muerte descenderé,
Y desde allí me levantare, y te levantare conmigo,
Te llevare al cielo, donde mereces estar,
Porque eres mi amor, Yo doy mi vida por ti.

Tengo sed, ya todo está cumplido,
Pero me siento solo, solo como nunca lo he estado,
¿Por qué me has abandonado?, vine por ellos,
Los que amamos, lo que se había perdido,
Me duele mi corazón, y ahora soy pecado,
El pecado de ellos es sobre mí,
Soy hecho pecado, no hay otra forma, tengo que morir.

Consumado es, Padre en tus manos encomiendo mi espíritu.
Me atacan por todas partes, me hieren y se burlan, me gritan:
Lo vencimos, ha muerto en pecado,
En pecado de Henry, de Juan, de Claudia,
Ya nunca podrá salir de aquí, hemos vencido,
Hemos vencido al Santo de Dios.

Pero yo sé que tu mano me alcanzara aún en el abismo,
Aunque ande en valle de sombra y muerte no temeré mal alguno,
Aun las tinieblas no encubren de ti,
Lo mismo te son las tinieblas que la luz,
Desde el Seol clame a ti, mi Dios, y voz oíste.

Yo los sacaré, a Henry, Juan, Claudia, a todos,
Los llevare conmigo, porque yo morí por todos,
Y ahora me levantare por todos, para todo aquel que crea,
Por amor, el amor me guio aún en el abismo,
Y resplandeció delante de mí.


Aquí están Padre, los que se habían perdido, los he traído conmigo.
Por un instante te deje, pero con amor eterno te recogeré,
Y para siempre estarás conmigo,
Siéntate a mi diestra hasta que ponga a todos tus enemigos por estrado de tus pies.
Y toma todo poder, y toda autoridad.
La he tomado mi Dios, y a ellos la he dado,
Para que donde yo estoy, ellos también estén,
Y como me has amado, yo los amo.

Mira amado Hijo, el fruto de tu padecimiento,
Has traído la novia, lista para la fiesta,
Y las bodas se celebraran, y todo será nuevo,
Porque tu vida diste, ahora veras gran fruto,
Vendrán a ti a adorarte.
Yo los recogeré pronto, un poquito más, y vengo.

Ven, tú, que lees esto, ven a mí,
Cree en mi Hijo, que murió por ti,
Por tus pecados, ven, recibe el perdón de pecados,
Y la nueva vida que me hijo comparte.

Porque a ti espero y anhelo,
Por eso he detenido el tiempo, porque te amo,
Ven, mi pequeño(a), ya no esperes más, ven a mí.
Tu Padre que te ama, Dios.

Henry Padilla Londoño

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martes, 8 de febrero de 2011

Mi cuerpo por una moneda

MiCuerpoporunamoneda


Mi cuerpo por una moneda, dijo la niña mirando al hombre que pasaba,
Mientras ella lo miraba ansiosa, esperando una respuesta.
El hombre la miro con desprecio, siguió su camino, sin decir palabra.
El frio de la noche la hacía temblar, no tendría más de quince años,
Pero en sus ojos se veía el mundo de mil años.
¿Para qué vivo? Se preguntó, mejor me fuera morir.
Mientras se agachaba y lloraba su triste condición.

El sonido de algo que pasaba en la esquina, la hizo alzar su mirada,
Una mujer armaba lo que parecía ser una mesa, trabajaba incansable.
La vio mientras puso unos termos en la mesa provisional, y unos panes,
Y también un libro, puso con delicadeza y empezó a cantar.

A los que están en prisiones de oscuridad, a ellos vengo, decía la canción,
A todos los presos, vengo a promulgar libertad,
De uno que los ama, y los amo por siempre, el que murió,
El que también resucito, a todo el que quiera, venga y coma, vida y libertad.

La niña la miraba sin parpadear,
algo de lo que esa mujer decía quemaba su interior,
Y como una sonámbula empezó a caminar, hacia la mujer que cantaba,
¡Si fuera cierto lo que decía! ¡si fuera verdad!

Y la niña empezó a cantar, suavemente pero con nítida voz:
Yo vendo mi cuerpo por una moneda, yo llevo el mundo a mis espaldas.
¿Ese que tú dices que murió, ese que dices que resucito,
También murió por mí, que me vendo en cada esquina, cada día?

Y la mujer la miro y sonrió ampliamente, y lloro de la emoción:
Es por ti mi linda niña, por ti que el vino y dio su vida,
Para sacarte del dolor, para darte tu redención.
Es por ti hermosa flor, que él me ha mandado, a decirte que te quiere.
Que tú eres preciosa, hermosa perla de la creación.

Y la gente que los veía, veían a tres que estaban alegres,
Dos mujeres y un Señor, y de ellas hizo el Señor, una para profeta,
Y la otra.. la otra anda predicando el evangelio,
a toda la que dice que no tiene salvación.

Y desde ese día son como dos muy buenas amigas,
Como mamá e hija, como hermanas inseparables.
Unidas por los lazos de Cristo, lazos de amor.
Como tú que lees esto, porque tú también amas al Señor.

Henry Padilla Londoño

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domingo, 30 de enero de 2011

Al Rey de Gloria.

AlReyDeGloria

¿Cómo decirte que te amo?
Si te llevo en mi alma, en mi vida.
Eres como un fuego que consume mis entrañas.
Eres como una poderosa agua que apaga mis ansias.

Cuando respiro, siento que en ti navego.
Como un velero, en poderosa tormenta.
Como una pluma que es tirada por un poderoso viento.
Así me siento ante tu amor, así me siento.

¿Cómo hablarte lo que siento?
Si mis manos se estremecen cuando en ti pienso.
Si pierdo los estribos cuando no te tengo.
¡Pero no te tengo, como podría tenerte!

Si tú me tienes a mí. Yo en ti me muevo.
Navego, respiro, me ahogo en ti, o muerte gloriosa,
Que me trae a la vida, a la vida de estar contigo.
A la vida de conocerte, respírate, amarte.

La vida es un tormento sino te tengo,
Pero no tengo, solo en ti navego,
La vida me es corta para amarte,
Y el cielo, no es cielo si tú no estás.

Eres esa poderosa mano que me sostiene.
Que no me suelta aún en mis tormentas.
Eres ese amigo fiel, a quien acudo.
A todo momento, ¿a quién más tengo?, solo a ti.

Eres el testigo de mis flaquezas, el que me ayuda a levantarme.
Eres el que crea en mí todo lo bueno.
El que me lleva a alturas, y me hace andar por las nubes.
Y me sostiene en su mano.

Eres el que levanta al caído, el que llora con el que llora,
El que ríe con el que ríe, ese amigo eres tú.
Eres Santo, solo tú eres Santo.
Que lo sepan los hombres y los que se esconden en las sombras.

Cosas gloriosas se han dicho y se dirán de ti.
Pero todas se quedan cortas, ante el Rey de Gloria.
Porque el lenguaje del hombre no puede expresar,
La belleza que existe en el Rey de la Gloria.

Santo y bueno eres tú, yo me acerque solo porque me acercaste.
Fui cubierto de sangre, antes de estar en tu presencia.
La sangre que corrió ese día, glorioso día de mi salvación.
Cuando todos pensaron que él era herido y repudiado por Dios.

OH, cuanto te amo, Rey de Gloria, pero mi amor es nada,
Ante Tu amor, ante Tu bondad y Tu santidad.
Me dejo llevar por tu amor, me dejo arrastrar.
Y un día estaré ante el Señor, yo sé que un día así será.

Despierta, despierta, tú que duermes, levántate.
La hora ha llegado de mostrar a todos la luz de Cristo.
Levanta tu voz en medio de los pueblos, deja oír tu canto.
Vendrán muchos a escucharlo, el Señor los traerá.

La tierra se extrémese, de un lado a otro, como un ebrio.
Y los pueblos como llenos de mosto.
Despierta, despierta, el Señor te llama a hacer su Voluntad.
Levántate, él soplara sobre ti, él te levantara y pondrá palabra en tu boca.

De mis entrañas salió palabra, palabras al Rey de Gloria.
Y adore al Señor, al que me limpio en la cruz.
¿Quién adorara conmigo?, porque el busca quien le adore.
En espíritu y Verdad, es necesario que le adoren.

Henry Padilla Londoño

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martes, 18 de enero de 2011

Mi eterno Amor.

mieternoamor

Estaba pensando en ti,
Recordaba tu hermosa sonrisa, tus lindos ojos,
Tu pelo gracioso, delicado y enigmático,
Toda tú, hermosa reina de mi corazón.

Pensaba en los lindos momentos junto a ti,
Pensaba en como cambiaste mi vida, la alegraste,
Has sido manantial de alegría, de gozo, de amor.

Recordaba nuestros momentos, que solo tú y yo conocemos,
Donde te declaraba mi amor,
Donde sentía que tocaba el cielo con mis manos,
Momentos, hermosos momentos de amor.

Y pensaba en nuestro Señor, como él nos trajo hasta aquí,
Como nos sacó del mal camino, y nos libró del malo,
Él te conoció antes que yo, y a él le debo toda esta alegría.

Quiero contarles un secreto, a todo aquel que escucha:
Es Dios el arquitecto del nido de amor,
Te parecerá extraño, pero créelo, es en la cruz donde nace el amor,
Es en la cruz, donde realmente encontré a mi amada,
Y en la resurrección donde realmente me unió a ella.

Bebemos de la misma agua, andamos el mismo camino,
Nos alumbra la luz de Cristo,
Y nuestros pasos se afirman en la Palabra.

Tú preguntabas: ¿Cómo puedo amar, amar para toda la vida?
La respuesta no la tengo yo, la tiene Cristo,
Solo en la cruz, solo en la resurrección, encontraras el amor.

Lleva tu pareja a Cristo, llévala a la vida,
Entonces, no yo, sino el cielo te dice:
Tu amor será para toda la vida.

Y andamos juntos cogidos de la mano,
Por las lindas calles del cielo, por esos hermosos rincones,
Donde la luz de Cristo todo lo llena.

Y vi entre tantas habitaciones, una marcada con tu nombre,
Tú, que lees esto, hermosa verdad, no miento,
Él la puso ahí, para ti, es hermosa en verdad.

Y junto a esa hermosa habitación del cielo, rociada por la luz de Cristo,
Había una más, la de tu amor, ahí estaba, ¡qué bella!
Y un ángel susurró suavemente, pero su voz se escuchó por todas partes:
Ya viene, ya viene, el que Cristo ya rescató, y aquí reposará.
Junto a su amada, y al cielo alegrara con la sonrisa de la Salvación.

Henry Padilla Londoño

jueves, 13 de enero de 2011

Tú última advertencia

tuultimaoportunidad

Quiero escribir palabras de amor, escribir un poema que llegue a tu corazón.
Quiero llevar mis palabras al Rey, declarar en sonidos mi alabanza.
Quiero exponer mi interior, desvelar mi corazón,
Quiero con humildad y reverencia llegar al Señor.

Cuando quise hablar mis sonidos lucharon,
Como guerreros violentos se agarraron a mis entrañas,
No quisieron salir, sentían temor, inseguridad,
Ante el Rey de Reyes deberían estar.

No hay elocuencia ante Dios, todo es vanidad,
Y lo hermoso se vuelve opaco, ante su magnífica luz,
Pero en silencio te contemplé y me asombre,
Hermoso Señor, fuente de toda Verdad.

Cuando veo todas las cosas que has creado,
Con tu gran bondad, tu amor y tu sabiduría sin igual,
Cuando veo en pequeños destellos, que mi ceguera alcanza a vislumbrar,
Tu bondad para con los hombres, para con nosotros.
No me dejo de maravillar, que un Dios tan poderoso y sabio,
Que el único Dios, creador de todo,
Tenga tal misericordia, amor y paciencia.

Me duele ver los que te insultan y ultrajan,
Los que enloquecidos en su maldad, te blasfeman,
Me duele ver los que en terrible oscuridad y odio,
Consumidos en ardor de iniquidad y maldad,
Orgullosos hablan contra ti, como si vieran, como si escucharan…

Tu afrenta me duele Señor, que pueden decir ellos de ti,
Si nunca te han visto, nunca han escuchado tus palabras,
Cuando hablas, ellos tapan sus oídos, y cuando quieres sanar,
Ellos se alejan, groseros, impetuosos, prefieren morir en sus pecados,
Antes que acercarse a ti, Dios bueno y misericordioso.

Pero un día ya no serán más, se irán, y aún su recuerdo pasará,
Ya no habrá memoria de ellos, y la tierra será para los que te buscan,
Toda su gloria será quemada, todo lo que ellos llaman esplendor.
Y tú nos recrearas con palabras de verdad, con la luz de tu corazón.

Ya el sol no será, ni la luna se verá más.
Porque tu luz brillara y nos guiara, y el malo ya no será.
¿Que será de ti que no tomas el nombre de Dios en tus labios?
¿Podrás soportar tú el día oscuro que está por llegar?
¿Te levantaras tú, y con tu fuerza dirás a la muerte: vete de mí?
¿O acaso con tu gran inteligencia harás otro mundo donde habitar?
Este es tu ocaso, pronto estas a morir y pasar, para siempre dejaras de ser.

Sólo el que recibe a Cristo, sólo él habitara confiado.
Pero ya esto te lo han predicado y aburrido dices estar.
Escoge bien, escoge tu camino, esta puede ser tu última advertencia.
¿Y mañana, dónde estarás?

Henry Padilla Londoño

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sábado, 8 de enero de 2011

Viaje Al Fin De Los Tiempos

Los invito a leer esta muy corta historia, que podría llegar a cambiar tu vida.


Un viaje al fin de los tiempos.

El viento soplo, soplo fuerte y me tomo, me elevo por encima de todo,
Veía las ciudades, el mar, me llevaba rápido, parecía no tener rumbo,
Pasamos por una casa en el campo, me detuve observando,
Veía un hombre que trabajaba todo el día, el sudor derramaba en el campo,
Su mujer se esforzaba en la casa, su esfuerzo era sincero,
Pero una sombra oscura estaba sobre ellos, no la veían,
Y la sombra se comía gran parte de lo que producían.
¿Por qué la sombra consume sus fuerzas, por qué veo el hambre rondar?

Me llevo el viento entonces, pasamos por lugares espaciosos,
Donde debería haber mucha vegetación, pero todo estaba muerto,
De pronto la tierra alzo un grito espantoso, lastimoso.
"Me muero en sus manos, ayúdame", gritó
Aun los animales huían de aquel sitio, pero no lograban escapar,
La muerte los alcanzaba, y en segundos eran consumidos,
Solo cenizas quedaban, solo cenizas que el viento levantaba.

Me llevo entonces sobre el mar, poderoso e inmenso,
Veía su hermosura y me maravillaba, pero de repente una mancha oscura,
Lo empezó a consumir, los peces morían, donde antes era vida, solo rocas ásperas quedo.
Y levanto su mano el viento, como quien se ahoga, como en desesperación:
Ayúdame Señor, me ahogan, me matan, consumen mi vigor.

Yo lloraba mucho, al ver al hombre, los árboles, la tierra y al mar,
Ser vencidos por la sombra que los cubría, que devoraba su fortaleza.
Entonces alce mi voz: ¿Qué es esa sombra, de donde viene, por que destruye tu creación?
Y un torbellino apareció en el cielo, era como un torbellino invertido,
Y grito fuerte, poderoso:
La sombra es el pecado, que habita en el corazón del hombre,
Esa sombra consume esta creación, y por su causa toda la creación será juzgada.

¿Señor, por qué no destruyes esa sombra, y haces libre tu creación?, grite fuertemente,
No sabía si me había escuchado, pues su sonido era fuerte, potente,
Pero pronto llego mi respuesta:
"Ya lo hice, ya el pecado vencí y lo saque del medio, en la cruz pague por toda mi creación"
¿Pero entonces por qué sigue, dañando y matando tu creación?
A encontrado nido en el corazón del hombre, hay se esconde,
Y el hombre lo alimenta y lo sostiene, ha hecho un pacto con él.

Y el viento me tomo, y rápido me llevo, pasamos por muchas ciudades, pueblos,
En todas partes la sombra se veía, anidaba con muchos tentáculos, en los corazones de los hombres,
Lo dañaba todo, todo lo ahogaba, y note unas sombras que miraban complacidas,
Lo que los hombres hacían, y les enseñaban, les decían cosas, que ellos escribían.

¿Quiénes son esas sombras, que dicen cosas al oído del hombre, y que les dicen?
Mientras aun nos movíamos, el viento respondió:
Ellos son espíritus de maldad, que se alegran con lo que el hombre hace,
Les hablan mentiras, les hablan pecado, que ellos permiten entrar a su corazón.

Yo estaba muy triste, parecía que la sombra todo lo llenaba,
Pero entonces note un grupo, muy blanco y radiante, a los cuales la sombra no podía engañar,
Ellos la vencían, y la hacían retroceder, donde ellos estaban había luz,
¿Quiénes son esos, que brillan como el sol, que vencen a la sombra, que la hacen retroceder?
Ellos son mis hijos, los que han sido lavados en la sangre del cordero,
Ellos son los redimidos, en ellos no hay pecado, porque el Señor los ha perdonado.

Y entonces vi uno montado en un caballo blanco, entre las nubes del cielo,
Y un gran ejército lo seguía, se quedó quieto y miro la tierra por un momento,
Entonces alzo su espada y avanzo rápidamente a la tierra,
Y la tierra se llenó de luz, y la sombra y los que la ayudaban fueron sacados fuera.

Y la tierra grito de alegría, y el mar salto como un niño, alzaron sus manos al creador,
Y yo estaba ahí, en medio de una multitud muy grande, que se alegraban con el Señor,
Y cantaban y clamaban: Grande y poderoso eres tú, Señor de Señores,
Rey de Reyes, Cordero de Dios.

Y estuve buscándote a ti, tu que lees estas palabras,
De seguro que estabas entre los millones y millones que adoraban al Señor,
Porque estoy seguro ya has aceptado al Señor y vives para él, ¿o no?

Henry Padilla Londoño

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martes, 4 de enero de 2011

La niña y la verdad.

laninaylaverdad

La pobreza y la vanidad se encontraron, se miraron, midieron sus fuerzas,
Ninguna quería ceder, era cuestión de honor, de cómo verían al perdedor,
Mientras las dos forcejeaban, sus esclavos descansaban, y miraban atentos,
¿Quién vencerá? ¿Acaso mi ama, la vanidad? No, que va, dijo el esclavo, la pobreza vencerá.

¿Qué estás haciendo aquí sentados?, dijo una niña mirándolos intrigada.
Somos los afortunados siervos de la vanidad y la pobreza,
Y estamos esperando el vencedor, dijo el esclavo altivo.
Sí, yo sé que la vanidad vencerá, dijo la esclava sacudiendo su pelo.

Pero veo cadenas en vosotros, veo flagelo en vuestros cuerpos,
¿Es esto lo que os agrada? ¿No queréis ser libres?
Yo os puedo ayudar, mientras ellas luchan, yo les ayudaré.
Pero al momento los esclavos se pararon aludidos, ¿Cómo osas hablar así?

¿Quién te crees niña ilusa? ¿Cómo te atreves a importunar?, dijo la sierva de vanidad,
¿Ni aun en la pobreza nos dejan en paz? ¿No tenemos derecho de escoger?, dijo el siervo de pobreza.
No traigas tus cuentos de libertad y déjanos en paz.
Que ya logramos olvidar nuestra calamidad, y ahora…
Ahora ya ni nos duelen estas cadenas, es más…
Ellas nos protegen, nos ayudan, para esto nacimos, y al fin lo entendimos.

Para un mayor propósito nacisteis, para ser princesas y príncipes.
Pero tenéis que renunciar a vuestras cadenas,
Tenéis que dejar a vuestros señores.
¿Saben adónde los llevan vuestros señores?

Aquí o allá, qué más da, dijo él con desdén.
A un lugar hermoso, donde yo seré señora, dijo ella arreglando su cabello.
Presos estarán por la eternidad, dijo la niña,
Alejados de la verdad.

¿Y si dejará mis cadenas, encontraría riquezas?
Las cadenas de la pobreza y la riqueza, son hechas del mismo material, dijo la niña.
¿Pero yo encontraría belleza, o fama quizás?, dijo la mujer
La Belleza aún no la has visto, y no la encontraras adonde tú vas.

Dinos, como salir, dinos como romper estas cadenas…
Cristo murió por ti, él llevo tu pecado, confiésalo…
Solo él romperá esas cadenas y te llevará a La Verdad.
Pero… ¿Dónde está él? ¿Cómo llamarlo?
Cree en tu corazón, usa la fe del corazón.
Y mientras decía estas palabras la niña se esfumaba, desaparecía.
Espera… dinos tu nombre, ¿Cómo te llamas?
Evangelio de Salvación es mi nombre, recuérdalo.

Cuentan que los esclavos, al fin se atrevieron, y clamaron,
Clamaron a Cristo con su corazón, y él, los libero,
Los sano y los trajo a su mansión,
Y puso coronas sobre ellos, los nombro príncipe y princesa.

Pero ellos decidieron volver a la tierra,
A decirles a sus compañeros de cadenas, acerca de la Verdad,
Y uno de ellos escribió estas palabras, la introdujo en la botella de poesía,
Y la tiro al mar de los corazones, seguro que un día,
Encontrará tu corazón.

Henry Padilla Londoño

lunes, 3 de enero de 2011

Tu nombre sea engrandecido, Señor.

86
Este atento tu oído a mi clamor y escúchame, yo estoy necesitado y necesito tu ayuda.
Estaba afligido, mi alma me dolía, mis pasos estaban por resbalar, la muerte abría sus fauces,
Señor, a ti levanto mis brazos, tú eres mi esperanza,
Sálvame, que mis enemigos no toquen mi vida, que la muerte no cierre sus fauces y me devore.
Socórreme, Señor mío, tú, sólo tú, eres mi socorro.
Levantaré mi oración, alzaré mi clamor, a ti Rey del cielo,
Tú eres mi alegría, yo soy tu siervo, la alegría del mundo me es muerte,
La alegría de este mundo es engaño y muerte,
Pero tú, oh Señor, tú eres mi alegría, cantaré y me alegraré en ti.
¿Quién es bueno?, sólo tú, tú eres bueno y perdonador,
Has perdonado mis pecados, me has lavado con la sangre preciosa de Jesús,
Me has dado vida en la resurrección de Cristo.
Escúchame señor, no dejes pasar mi oración.
Yo estoy convencido que en mi angustia, tú me responderás.
Sólo tú eres Dios, no hay otro Dios, desde el principio eres tú,
Sin comienzo, sin final, tus obras hablan de tu gran poder,
Gracias Jesús, Señor, mi Rey y Dios.
Todas las gentes, de toda nación, reconocerán que tú eres Dios,
Doblaran sus rodillas delante de ti, Señor Jesús,
Y Glorificaran tu nombre, tu nombre será engrandecido en gran manera.
Tú sólo eres Dios, no hay otro Dios,
Ciego soy sin tu luz, enséñame el camino de La Verdad,
Enséñame a temerte en amor en cada acto de mi vida
Mi corazón reboza gratitud a ti, rey del Cielo,
Todo mi ser alaba a tu nombre por siempre.
Me sacaste de lo más oscuro, de lo más profundo que el hombre ha caído,
Me libraste de mí mismo, del mundo, y de maldad,
Me trajiste a Cristo, me has levantado a nueva vida.
Enemigos quieren hacerme daño, y buscan mi caída,
Dicen en su interior:
“Lo traeremos a pecado, lo apartaremos de Dios
Comeremos sus carnes, y nos servirá”
Pero tu fidelidad me rodea, su esperanza será como nada
Y huirán como perseguidos por enemigos muy poderosos.
Y yo reposaré tranquilo en ti Señor Jesús, mi Dios y Rey.
Tú eres un Dios misericordioso y bueno, que levanta al que a ti clama,
Que tiene misericordia del abatido y lo levantas.
Todos los pueblos vean tu misericordia que has hecho conmigo,
Y tu mano repose sobre mí para siempre.

Henry Padilla Londoño
Basado en el Salmo 86

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