jueves, 6 de mayo de 2010

Y te vi.

Escuche un susurro, una voz un suspiro,
Suavemente a mi oído dijo: vuela, y mira,
Y volé y mire, y tú estabas sentada en tierra,
Tus manos cubrían tu cabeza y llorabas por tu hijo,

Pero vi dentro de ti, una luz preciosa, pequeña pero hermosa,
Que empezó a inundar todo tu ser,
Y se extendió a tu alrededor, cuan potente esplendor,
Y exploto, esa luz exploto, y lo lleno todo.

Y te vi otra vez, parada y radiante,
Mirabas al cielo, alababas a Dios,
Y decías a voz en cuello:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Que ha devuelto el deseo de mi corazón.

Y tu hijo estaba a tú lado, te miraba y lloraba,
Lloraba de amor, amor por ti, amor por el Señor,
Y te vi,
Corrías, corrías en medio del pueblo,
Llevando las noticias de un Salvador,
Gritándole a todos:
Venid, y escuchemos del Redentor,
Venid, oíd al que sano a mi hijo,
Al que rompió las cadenas de la muerte.

Y tu gozo era inefable, grande y espontáneo,
Y volé entre las nubes, al cielo mire de lejos,
Y vi al Rey sonriendo, de pie,
Se alegraba con tu acción.

Henry Padilla Londoño

2 comentarios:

  1. Es un muy hermoso lo que dicen estos versos, demás esta decirle mi comentario puesto que que como yó habrá miles que pensaran lo mismo, felicidades y que Dios mantenga viva la llama del amor en sus corazones.

    Rosa

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  2. Gracias Rosa por tu comentario, tú comentario me es valioso, el Señor bendiga tu vida y todo lo que hagas.

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